
El padre me contó que días previos había tenido un cuadro catarral leve que no precisó consulta con su pediatra.
En medio de este percal, solo una cosa me parecía clara: que no era una urticaria "normal". Pensé que podría ser una de esas vasculitis raras, desde luego no me parecía que fuera un Schönlein Henoch, o por lo menos yo no había visto uno igual, pero vaya usted a saber...El caso es que me rondaba por la cabeza que había visto unas imágenes similares en alguna entrada de alguno de los blogs de pediatría por los que me suelo pasear. Y llegados a este punto, como mi ciencia y mi memoria no daban para más y sumado a la pinta fea de las lesiones y al susto que llevaba el progenitor, derivé al pequeño al hospital.
Estuvo ingresado 4 días, todas las pruebas fueron negativas (hemograma, coagulación, bioquímica, orina, serologías para CMV, VHS, VVZ, hepatitis), Rx tórax normal, y pendiente de lectura de Mantoux. Valorado por Dermatología se etiquetó el cuadro de (¡¡¡Tachánnnn!!!): Edema agudo hemorrágico del lactante.
El niño fue evolucionando favorablemente, con mejoría progresiva de sus lesiones y dado de alta con cita próxima en Dermatología para control.
Y, claro, ya con el diagnóstico en la mano, trasteé de nuevo en el internet y encontré esta entrada del blog Reflexiones de un pediatra curtido que es la que recordaba, eso sí, vagamente; así que os aconsejo que la leáis que lo deja todo muy clarito.
Os remito también a este artículo publicado en el 2005 y realizado por profesionales del Servicio de Pediatría del Hospital Donostia que revisa esta entidad tan alarmante en su forma de presentación, como benigna en su evolución.
Nota: este post está redactado antes de que Jaione Agirrezabal nos diera su sesión sobre Exantemas en pediatría, que creo que me hubiera resultado muy útil...
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