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sábado, 31 de diciembre de 2016

La (mi) pirámide de las 5 S, para transitar...Urte berri on!



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No es demasiado fácil explicar por qué justamente hoy, última mañana del último día del año, estoy aquí echando un vistacito a la famosa pirámide 5S, o 6S para otros autores, que permite estructurar la búsqueda de información cuando nos planteamos una duda clínica… ¡Anda que no tiene días el año!
Y claro, me pongo a divagar yo solita que se me da mucho mejor que resolver dudas.
Es que la S es una letra preciosa, tan sinuosa y tan insinuante…Claro que hay muchas palabras que empiezan por S y son horribles, pero yo hoy me voy a fijar en las que me gustan, que para eso dentro de unas horas despedimos el año y conviene estrenar el calendario de buen rollo.
Pues sí, la S es muy especial: siendo ella una letra tan singular, con solo ponerla al final convierte lo que sea en plural. O sea, que agrupa, que suma aunque los individuos que formen el plural sean distintos. No está nada mal para empezar. Eso sí: es muy contradictoria porque también sirve para separar la paja del grano, para simplificar, esto resulta muy útil.
La S es la letra más artista que conozco y así combinando silencios y sonidos nace la música.
La S de la sabiduría merece todo mi respeto, sobre todo si va unida a la de la sencillez y a esa otra S más humilde de la simplicidad.
Con la S puedes silbar, saltar, saludar, sonreír y ser simpático: ¡es divertido! Puedes con ella soñar: es imprescindible… Es muy necesaria si quieres solucionar o sanar o, incluso, silabear para que todo quede muy claro.
Y sin ella, no podemos saborear: una pena.
Conviene no temerla demasiado si es la S de soledad: te ayuda a escucharte, aunque sea solo un susurro.
Sin ella no se puede sentir, ni sugerir, ni suspirar, ni ser sincero. Tampoco encontrarás sin ella el sosiego ni la serenidad; no podrás palpar la suavidad y te costará mucho ser sutil.
Y si lo pienso bien, la S es imprescindible para ser, ¿no?, que es mucho más interesante que tener…

De modo que voy a hacer mi pirámide de las 5S para transitar, sin más…Ahí va:
En la base estarán las sonrisas; intentaré elegir una adecuada para cada situación. Pueden ser sonrisas tímidas, abiertas, cómplices, fugaces. Me valen las medio sonrisas…La única condición es que sean de verdad: tienen que iluminar la cara y, sobre todo, la mirada.
En el siguiente escalón estará la simpatía. Mira, es sencillo: puedes elegir ser una sota o tratar de ser simpática. Sin más.
En el siguiente ofreceré el silencio. No, no me he equivocado: si siempre hablas tú, se llena todo de ruido y es imposible escuchar a quienes te acompañan.
En el siguiente dejaré que la sensibilidad se haga la dueña. He dicho sensibilidad, no confundir con sensiblería que es, directamente, un asco.
Y allí, en el vértice, en mi particular sumario, trataré de hacer un paquetito con un ingrediente de cada escalón. Además, añadiré una pizca de sensatez, sentido común y lo sazonaré todo con sentido del humor: listo para utilizar.  A ver qué pasa…Os lo cuento dentro de un año.
Urte berri on! ¡Feliz 2017!

viernes, 1 de enero de 2016

Prefiero...Urte berri on!

Ya puestos a elegir y para empezar el año, prefiero desear que hacer un balance de recuerdos. Prefiero preferir…
Prefiero que el día sea largo y la noche serena. Prefiero la risa fácil que la sonrisa perfecta. Prefiero la sal en los ojos que la mirada de hielo. Me quedo con las arrugas de tu cara, y con las mías,  antes que con la indiferencia de los rostros de cera. Me quedo antes con la equivocación que con el desatino. Si me das a elegir, prefiero que me falte pan a que me sobren comensales.  Si no sabes qué decirme, mejor no me digas nada: prometo hacer lo mismo. Prefiero que me descubran a tener que esconderme. Prefiero un monosílabo que  un discurso de mentiras. Si me das a elegir, prefiero un banco a la sombra que un día nublado. Prefiero las dudas a las certezas. Prefiero cantar en grupo a llevar la voz cantante; así que prefiero desafinar quedamente a que me obliguen a callarme. Si tengo que elegir, prefiero un autobús abarrotado antes que una calle desierta. Me gustan más los trenes que llegan que los que se van. Prefiero que me echen de menos a estar de más. Si me das a elegir, prefiero el café con cafeína y los sueños sin pesadillas. Prefiero transitar sin prisa a apresurar el paso, aunque tarde un pelín más en llegar a ninguna parte. Me gusta elegir el camino aunque, tal vez, no llegue al destino. Prefiero las chaquetas con bolsillos y las capuchas a los paraguas. Me encandilan más las mariposas de colores  que el arco iris tan distante: ¡es que no vuela! Prefiero los mares a los océanos y los ríos a los pantanos. Me gustan más los gorriones que los halcones, aunque vuelen más bajito. Me quedo con las manos ásperas y desnudas antes que con las enguantadas. Prefiero una cuartilla en blanco para emborronar que una hoja de cálculo llena de cifras exactas. Creo que me siento mejor en el desorden que en la simetría. Si tengo que escoger, me quedo con esa camisa vieja que tú elegiste para mí antes que un vestido de seda por estrenar que, creo, nunca hubieras elegido para mí. Me gustan más las acuarelas desvaídas que la precisión del microscopio.  Me gustan los calcetines de colores y las sandalias sin tacón. Prefiero la molestia de una piedra que se cuela en mi zapato antes que una horma estrecha que me aprisione los dedos de los pies. Se me da mejor guisar que cocinar, del mismo modo que tengo piel y no cutis…
No tengo remedio: prefiero imaginar que comprobar, soñar que concretar, suponer que asegurar.
La vida sigue, más o menos, igual. 
Urte berri on! ¡Feliz año nuevo!


martes, 23 de diciembre de 2014

Atesorar la belleza

Acabo de desprogramar la entrada que para hoy había seleccionado Idoia, espero que no se enfade...Pero es que mañana es Nochebuena y ya habrá tiempo para las cosas importantes. En su lugar, os pongo otra perlada mía. Estaba guardada desde hace tiempo en mi carpeta de relatos, pero, como a veces pasa, la he vuelto a leer y podría haberla escrito antes de ayer : recuerdo el momento en que lo hice. Quien solo me conozca a través de mis relatos, puede pensar que soy una agonías y que me paso el día entre lágrimas...¡Qué se le va a hacer! Yo creo que soy moderadamente feliz...A mí con esto de la felicidad me pasa como con la música: si es muy estridente la confundo con el ruido, de modo que me gustan la felicidad y la música suavecitas, como un ronroneo, que me permitan disfrutar también del silencio... Sea cuál sea vuestra idea de la felicidad, os deseamos que la disfrutéis plenamente todo, todo el año. En cuanto a  la música, que cada uno elija la que le sitúe allí, donde quiera estar. Zorionak!

Idoia&Marilis

Atesorar la belleza

La Navidad empezaba para ella el 21 de diciembre, el olor de la txistorra y el ambiente bullicioso en las calles de su ciudad celebrando el día de Santo Tomás eran la antesala de las fiestas. Como siempre, había estado por la mañana dando un paseo por la Parte Vieja, había degustado un bocadillo de txistorra a media mañana y al mediodía cuando las calles llenas de gente transformaban el paseo en un suplicio había vuelto a casa a paso lento. Ya a media tarde salió de nuevo, las manos en los bolsillos, y sin un plan en la cabeza; simplemente caminar. Las calles del centro seguían animadas. Los escaparates de las tiendas llevaban ya una temporada luciendo la decoración navideña y las luces en la calle hacían imposible abstraerse del ambiente festivo. Se detuvo ante el mismo escaparate de todos los años y sonrió para adentro al ver otra vez el pequeño carrusel con su nieve artificial; el trenecito giraba una y mil veces sin detenerse en la diminuta estación, Santa Claus ofrecía su sonrisa bonachona permanente incluso cuando descendía vertiginosamente la pequeña pendiente desde su diminuto vagón. Las lucecitas a los lados del carrusel parpadeaban insistentes. Compartía el reducido espacio con un enjambre de chiquillos, escuchaba sus comentarios divertida, las manos en los bolsillos jugueteaban con las llaves distraídamente. Un hombre joven se acercó con un pequeño en brazos; se afanaba el padre en colocar adecuadamente el gorro de lana que, insistente, se deslizaba hasta cubrir los ojos del chiquillo. El niño rodeaba con su bracito el cuello del padre y señalaba con el dedo índice de su otra mano el trenecito iluminado; su mirada absorta parecía no cansarse de observar el inalterable recorrido. Una mujer joven los llamó insistente, su mano mecía un carrito de bebé, se inclinó para acallar el llanto del pequeño ocupante, su voz, apenas un gorjeo se perdió entre el bullicio. Los vio partir, caminaron calle adelante, el padre dejó al mayorcito sobre el asfalto, recolocó su abrigo y le ofreció la mano con cansancio. Ella aún se demoró unos segundos frente aquel escaparate, los suficientes para cerrar los ojos y verse a sí misma flanqueada por sus hijos. Recordó sus caritas redondas, las naricillas rojas por el frío, la viveza de aquellos dos pares de ojos, las pupilas brillantes, sus agudas voces infantiles, aquellas manos infantiles que se empeñaban en sobar el cristal del escaparate a pesar de sus recomendaciones…Y añoró aquellos años, los años vuelan…Se alejó apresuradamente, dejó las calles, su algarabía, casi como si huyera y se acodó en la barandilla frente a la playa; ya era de noche. Las olas morían silenciosas en la orilla, la espuma blanca rompía la negrura del invierno, el mar estaba en calma. Se dejó llevar, mecer, se esforzó en acompasar su respiración al ritmo de las olas, solo respirar aquel aire, solo escuchar su rumor; solo sentir el latido de su propio pulso. Se propuso no pensar en el ayer y no imaginar el mañana. Solo atesorar en la memoria la belleza, solo mirar al mar y respirar. Nada más. 

domingo, 29 de diciembre de 2013

Entre el "debe" y el "haber". ¡Feliz año nuevo! Urte berri on!

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El 2013 me trajo de la mano una actividad que nunca habría imaginado: soy la tesorera del coro en el que ¿canto? Yo, que soy una desordenada vocacional; yo, que en mi vida he entendido nada de cuentas ni de números; yo, que del Excel no entiendo ni papa…Pero las cosas son así y por avatares de la vida no supe y no pude y no quise decir que no…Así que aquí ando, cuadrando las cuentas del 2013, manejándome entre el “debe” y el “haber”, términos que aún me cuesta trabajo comprender porque resultan ser lo contrario de lo que de entrada me sugieren…De modo, que en el “debe”, que en principio parece tener que recoger las deudas, se apuntan los ingresos y en el “haber”, que sugiere pertenencia, se anotan las deudas, los pagos…Parece que el lenguaje financiero poco tiene que ver con lo que mis significantes representan. Al final, todo tiene que encajar y el saldo mejor que sea  positivo…si no, problemas. Y claro, yo que soy bastante dada a este tipo de enredos lingüísticos, dejo a un lado las cuentas y me da por establecer paralelismos y extrapolo los términos a mi vida, a la personal y a la profesional, fusión que en tantas ocasiones es una realidad.

En el “debe” anoto y no necesariamente en orden por cantidad o por importancia: mi familia y mis amigos (estos sí que son los más importantes, incluyo a mi perra…aunque a alguno le pueda rechinar); mi trabajo, con lo bueno y con lo malo; mis rutinas, las que me dan un precario sosiego; mi salud, huy…esto sí que no tiene precio; mi sentido del humor, a veces ácido, ya lo sé; mi bendito desorden, reconozco que solo es bueno para mí…pero me encanta; la capacidad de emocionarme, cada vez mayor, ¿será la edad?; mi curiosidad, me gusta saber que sé poco, me gusta seguir sorprendiéndome, así de pronto, por cualquier bobada;  mi espacio, es decir: mi casa bastante destartalada, mi hermosa ciudad, mi playa, mis calles, la panadería donde compro el pan a diario, el banco frente a mi portal donde me siento un ratito mientras mi perra olisquea alrededor, y también el tren que me acerca hasta Zarautz mientras la vista recorre el cauce del río Oria, mi consulta y la de al lado y el mostrador de mi centro de salud y el office y las gentes (compañeros y sin embargo amigos)que los pueblan y las palabras que me regalan en las guardias, mi casita de Estella que va más allá de sus paredes y se derrama en el paisaje de Navarra y acoge mi infancia y mi juventud, lo que fui y lo que ahora creo ser; la pantalla en blanco del ordenador y el teclado que la transforma en un relato; mis certezas, alguna tengo, pocas y cambiantes; millones de dudas valiosas, tentadoras, ecuaciones sin respuesta, quién sabe…; la risa, fácil como un regalo, no solo en los labios, sino aquella que se asoma a la mirada y hace que el día se ilumine; el silencio acogedor que dice más que mil palabras; las horas de no hacer nada, me encanta aburrirme, sin más, ya sé que es raro…; el placer de releer un informe bien redactado, de acertar un diagnóstico…de un trabajo no demasiado sesudo ni importante pero bien hecho; alguna lágrima de nostalgia, la memoria de un tiempo amado, la huella de su paso, el recuerdo de alguien que ya no está y sin embargo permanece…me dejo muchas cosas, ya lo sé…

Y voy con el “haber”: sujetar mi ironía que afilada desconcierta y hace daño, lo sé…; reconocer mis muchos muchísimos, incontables errores, pedir perdón si es necesario; controlar mi impaciencia que en el momento menos adecuado lo inunda todo, todo, un horror; y el mal genio…”vinagres” me llaman mis hijos; esforzarme en ver otras verdades, es que me pongo farruca…un asco; hay que estudiar un poco más, Marilis, llevo tooodoooo el  año diciéndotelo; no esperar al último día, esa indolencia tuya te va a dar un susto cualquier día; se puede ser más cariñosa y más amable, no te guardes un solo beso, ni medio abrazo, te arrepentirás, seguro; un poquito de orden no mata a nadie…anda, esmérate; la botella está medio llena, se me olvida y es una pena; cerrar el pico si no sé qué decir y aunque lo sepa si sé que es una impertinencia y no sirve para nada; romper el silencio si crea malestar y sé que se espera que lo alivie; escuchar sin juzgar, solo escuchar; y escucharte, aunque no te guste lo que tengas que decirte…qué difícil. Y vivir, vivir, vivir, dando mil y una gracias por el mero hecho de vivir y de estar rodeada de vida…me dejo tantas deudas…

Con todo, el lenguaje es muy raro: el “debe” creo que se refiere a la obligación de aprovechar lo bueno que es mucho y el “haber” a la hermosa posibilidad de menguar las enormes deudas, de amor y más, que me acompañan.

Que el balance os salga positivo. Urte berri on! ¡Feliz año nuevo!

viernes, 4 de enero de 2013

El regalo de Reyes: El tío Eusebio (III)

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Abrió la ventana y  poniéndose de puntillas asomó su cabeza al exterior. El frío de la mañana besó su cara y sus ojos contemplaron la blancura de los tejados y las calles cubiertas de nieve. La noche anterior la nieve había empezado a caer mansamente, el abuelo Ignacio no se equivocó cuando profetizó que iba a cuajar. Ahora el tibio sol invernal arrancaba luminosos destellos del blanco paisaje y el silencio a aquella hora temprana de la mañana parecía invitar a que el resto de los sentidos se aletargaran permitiendo que únicamente la vista se complaciera en la belleza. Sus pupilas se dilataron cuando advirtió las huellas de los cascos de los caballos trazando su sendero en mitad de la calle: el tío Eusebio también había acertado. La víspera, al amor de la lumbre, le había contado que hacía unos días había recibido la visita de un paje de los Reyes Magos. Ufano, mientras el abuelo escondía una sonrisa divertida, le dijo que llamó a su puerta bien temprano y le pidió que herrara los cascos de su caballo, un animal de porte digno y crin negra como el azabache. El exótico cliente de oscura piel y ojos rasgados sabía de su buen hacer y no había dudado en acercarse reclamando sus servicios para poner a punto a su cabalgadura; le esperaban unas jornadas atareadas y era preciso no dejar nada a la improvisación, nada que pusiera en peligro tan importante tarea…El paje le aseguró que aquel año no se olvidarían de visitar el pueblo y que en la madrugada dejarían sus regalos a los niños buenos. Ella le escuchaba silenciosa, ilusionada pero dubitativa: hasta ahora, en lo que a ella le había tocado, había recibido de Sus Majestades alguna mandarina, unas pocas monedas y alguna muñeca de cartón…No alcanzaba a comprender por qué, año tras año, los Reyes se empeñaban en favorecer a los niños del pueblo que menos lo necesitaban, era todo un misterio…El tío Eusebio le alentó a que limpiara con esmero sus zapatos, de acuerdo con el abuelo pensaron que la casa de Eusebio ubicada justo en la plaza del pueblo era un lugar que seguramente facilitaría el trabajo a Sus Majestades en tan desapacible noche. Ella, asomando la rosada lengua entre los labios, se afanó en dar lustre a sus zapatitos de domingo, se los dio al tío y lo despidió en el umbral de la puerta, la nieve caía silenciosa.
Se vistió apresuradamente y en un periquete estaba ya en la calle; subió la calle a saltitos rápidos, como un gorrión, sus huellas livianas trazaron un sendero paralelo al dibujado por los cascos de los caballos. Empujó con brío la puerta de la entrada, la herrería dormía en la penumbra, el yunque enmudecido y la fragua sin su brasa habitual; subió a trompicones la corta escalera y abrió la puerta de la caldeada cocina. Las mejillas arreboladas por la prisa y la mirada esperanzada hicieron que el tío Eusebio sonriera al contemplarla. “Bueno, ya estás aquí…”-le dijo. La tía Lucia trasteaba ya entre sus pucheros, el aroma de sus guisos presagiaba una excelente comida; la buena mujer dispuso un buen tazón de leche caliente para la pequeña y un par de rosquillas con su nieve de azúcar. La niña cautelosa, aguantando su impaciencia, desayunó mientras el tío Eusebio parecía empeñado en charlar de cosas triviales…Cuando terminó la leche, se atrevió a preguntarle: ¿Han venido?  ¿Que si han venido?-le contestó el tío y prosiguió: Pues claro, y vaya enfadado que estoy…Luego te explico, pero sí, han dejado algo para ti…Y allí, en un rinconcito, alcanzó a ver la punta de sus zapatitos que asomaban bajo un paquete coronado por un enorme lazo. Incrédula, se acercó con timidez y alentada por el cabeceo de Eusebio lo tomó con las manos. Aún antes de abrirlo, se admiró de la finura del papel, que se dijera de pura seda tan suave al tacto que era, y del hermoso lazo que lo abrazaba y, aunque en ella bullía el deseo de conocer que escondía, se demoró en retirarlo como si sus dedos infantiles tocaran las delicadas alas de una mariposa. Sus ojos contemplaron la hermosa caja, mientras los cariñosos ojos adultos la contemplaban a ella sin perder detalle. Su mirada recorrió la brillante tapa sembrada de múltiples dibujos delicados: los personajes de sus cuentos le brindaban miradas sonrientes, las flores allí pintadas parecían saludarla, estrellas de colores, animalitos dándole los buenos días…Los cantos de la caja estaban ribeteados de una fina puntilla, como si el hilo blanco del que estaba hecha se hubiera enredado por encanto para fabricar su filigrana, sin conocer mano alguna que la trabajara o, en todo caso, fueran las manos de un hada las encargadas de labrarla. La caja escondía otro tesoro: infinidad de dulces se escondían ordenados, envueltas sus delicias en fino papel festoneado, solo su aroma escapaba a la sutil cárcel. El tío Eusebio le preguntó: ¿Qué, te gusta…? con un asomo de ansiedad en la mirada. Me gusta, me gusta mucho…contestó ella con un hilo de voz mientras sus dedos nerviosos acariciaban las siluetas de colores. ¡ Buenooo, pues me alegro!- dijo el tío. Pero menuda faena me han hecho a mí… añadió Eusebio. ¿Qué ha pasado?- preguntó ella preocupada. Nada, nada, ya me lo habían advertido, que solo era para los niños, pero…y chasqueó los dientes, sacudiendo la cabeza. Resulta que decidí poner junto a tus zapatos una de mis alpargatas para ver si caía algo, pero…los muy tacaños no me han dejado nada. Eso sí, se tomaron el pacharán que les puse sin dejar gota, ¡y bien que beben los mangarranes…!Y no solo es que no me hayan dejado nada: ¡menuda puñeta que me han hecho!- prosiguió muy enfadado- Al levantarme no encontraba mi alpargata, no aparecía por ningún lado; extrañado he salido a la calle en su busca y ¡mira, mira cómo la he encontrado, hecha un asco!- y le muestra una alpargata vieja, mojada y llena de barro. ¿Sabes dónde estaba?- la niña negaba cariacontecida. Hasta el pilón he tenido que asomarme- y señala con su dedo índice el pilón de la plaza del pueblo, donde el ganado abrevaba cada día- Allí estaba, tirada, toda mojada, que he tenido que acercarla con la vara…¿Tú te crees que hay derecho, hombre por Dios…? Y sacudía desolado la cabeza, apenado, muy apenado…Bueno, Eusebio- terció Lucia conciliadora- No te pongas así, que ya estabas advertido, que solo habría regalo para la niña…Ya, ya, pero…uno se hace ilusiones y… -argumentaba Eusebio lastimeramente.  La niña abrió su caja de colores: Tío, ¿quieres uno?- y le ofrece un dulce consoladora. ¡Vale maja!- acepta Eusebio complacido. Y los dos comparten mano a mano el caramelo. La mañana de Reyes es luminosa, el puchero se cuece a fuego lento, la niña y el tío charlan y ríen con complicidad.
 La hermosa caja albergó sus tesoros durante un tiempo; nunca supo quién dedicó su tiempo, su arte y su amor en fabricarla. Y un día despareció, no sabe cómo; tal vez del mismo modo que desaparece la infancia, dulcemente, y solo queda de ella el recuerdo de los rostros, de las palabras, de las miradas que dieron vida a su paisaje, aquel al que a veces soñamos regresar.

martes, 25 de diciembre de 2012

Buenos deseos


Quería escribir un cuento de Navidad y regalároslo…Pero no hay manera. Cuando era pequeña, me gustaba hacerlo: siempre había un pesebre, un niño y ovejitas, y siempre la noche era fría, el cielo estrellado y el niño, rubio, sonreía desde su cuna…Es una pena que no se me ocurra nada, la verdad. Es una pena que el tiempo pase, así, sin pedir permiso; es una pena que la infancia se esfume y tras ella la juventud y más, y más y más…Pero mayor sería la pena si no fuera capaz de recordar con una sonrisa las imágenes de las navidades de mi vida. Y es una suerte que pese a todo, pese a que la nostalgia se me enrosca en la garganta y la sal me enturbia a veces la mirada, los rostros de quienes quiero están muy cerca: llenos de vida sus ojos y tan  llenos de palabras y silencios sus labios, como plenas sus manos de ternura. Y si me afano, incluso recupero  la mirada de quienes no están, la palabra que lejana dejó su poso amable, la caricia que me regalaron las manos ausentes.
Los deseos, los afanes, las ilusiones se transformaron en realidades a veces equívocas; se cumplieron a veces por encima de ellos mismos o se frustraron otras tantas dejando un regusto amargo ya olvidado. Porque a fin de cuentas de eso se trata; de perseguir quimeras, de procurarse un sosiego precario, de creer que era eso justo lo que buscabas y de percatarte de que,  aunque se asemeja, nunca es aquello que soñabas…Tal vez sea eso mismo vivir: transitar, elegir, acertar y confundirte a partes iguales. Tal vez consista en coleccionar paisajes, aún mejor en dibujarlos y transformarlos sin miedo a equivocarte. Y a veces consiste en mirar alrededor y respirar con aire despistado, sin saber muy bien qué toca ahora; y aguantar el tirón de un tiempo que parece no tener un proyecto claro diseñado. Tal vez hay momentos en los que la música no invita al baile y, sin dejar de ser hermosa, solo aciertas a escucharla, meciéndote suavemente en su melodía, apenas un tímido balanceo, los pies bien pegados a ras del suelo…Tal vez la palabra que antes fue ágil no encuentra el término adecuado. Tal vez hoy no consigas escribir un cuento, ni tan siquiera un cuento de Navidad: no pasa nada.
Es tiempo este de Navidad para el pasado, y para el presente. Y para soñar futuros: que no se te acaben los proyectos, y que encuentres sosiego, y que la alegría sea tu música y que la disfrutes. Y que los pies, como distraídos se atrevan, si es caso, a amagar un paso de tu propio baile, de ese que ahora inicias…Brindamos por ello. 
Zorionak eta urte berri on!
Idoia&Marilis


viernes, 30 de diciembre de 2011

¡Felices fiestas! Urte berri on!


Creo que estaba confundida; pensaba que no me gustaban las Navidades y resulta ¡que va a ser que sí! Porque, a ver, preguntas claves:
¿Te gusta la buena mesa, comer cosas ricas y eso…?: pues sí, la verdad, me encanta. Incluso aunque luego tenga un poco de ardor y piense que no voy a volver a abrir el pico en una semana, me dura poco, o sea que me compensa el esfuerzo…
¿Te gusta juntarte con tu familia?: pues sí, me río mucho con ellos. Ya se sabe, hay algunos temas “prohibidos”: no religión, no política. De fútbol, se puede hablar: estamos todos de acuerdo, ¡AUPA REAAAAAL!
¿Te gustan las largas sobremesas, cánticos incluidos?: pues sí…me encantan. Empezar con villancicos y acabar con jotas y coplillas varias. Eso sí, ojalá que mi hermano esté afónico: es un destroza-canciones, insufrible…
¿Te gusta hacer regalos y que te regalen?: pues sí. Y eso que no suelo tener muy buenas ideas, pero la intención es lo que vale, ¿no?
Así que por fin puedo decir: ¡me encanta la Navidad!
¡Hala, a disfrutar! Si te gustan mejor, y si no te gustan son sólo un par de semanas…


¡Felices fiestas! Urte berri on!




Idoia&Marilis

sábado, 1 de enero de 2011

Y bueno pues, un día más...

Y bueno pues...Arranca 2011 y para mí, hay cosas que no cambian (¡y que espero que duren!) de estas fechas, a saber: el olor a compota en la cocina de mi madre, la complicidad con mis hermanos, las risas durante la cena de nochevieja, los mensajes al móvil de algun amigo al que hace tiempo que no ves, los abrazos después de las consabidas 12 uvas, la melancolía bien disimulada en la mirada cuando los jóvenes de casa desfilan en busca de una noche de jolgorio, el concierto de Año Nuevo desde Viena que alegra esta mañana de resaca...Y tengo otras músicas que me ponen las pilas, como esta canción de Serrat que os invito a escuchar por si estáis un poco perezosos para empezar este año que, seguro, merece la pena vivir intensamente. ¡Ánimo, que estrenamos lienzo y la paleta está llena de colores: el paisaje puede ser hermoso!



martes, 21 de diciembre de 2010

Navidad 2010


Y de nuevo, así, de repente, la Navidad. Nos gusten o no, son siempre unas fechas especiales…Y os deseamos lo mejor para este 2011 que nos espera a la vuelta de la esquina. Os dejamos con un relato, un “atípico” cuento de Navidad, que escribí hace ya unos años: ¡más de una década! Entonces yo trabajaba en la ambulancia medicalizada y aquella Nochebuena atendimos a un paciente en una población cercana a Donostia; esto es lo que escribí al día siguiente pensando en aquel aviso. Espero que os guste.
¡Felices fiestas! Urte berri on!
Idoia&Marilis


NOCHEBUENA

Era ya noche cerrada cuando decidió volver a casa.
A pesar de la fecha, veinticuatro de diciembre, no hacía demasiado frío. La noche era clara, tal y como uno desea que sea la noche de Nochebuena. Seguramente había estado pasando la tarde en el pueblo rodeado de amigos, caras conocidas desde hace años, compartiendo a su lado tertulia y el sabor de un vino de escasa calidad. Lo imagino despidiéndose de ellos y caminando luego, ya en solitario, silencioso, dirigiéndose a su casa; sin pensar en nada demasiado importante, dejándose casi llevar de vuelta al hogar.
Ya a escasos metros del portón del caserío puede ser que un agudísimo dolor le partiera el pecho; tal vez sintió un pánico indefinido justo un segundo antes de caer lentamente sobre el lecho de hierba que flanqueaba el camino. Tal vez no le diera tiempo a pensar en nada ni en nadie, tal vez no hubo lugar ni para la sorpresa.
Un coche a un lado de la carretera nos hizo señas de que lo siguiéramos. Recorrimos los últimos metros de aquel camino de grava con rapidez. Las luces anaranjadas de la ambulancia rasgaban impertinentes la oscuridad de la noche; nos detuvimos con un frenazo brusco y descendí de un salto hasta el suelo. Bajo una manta se adivinaba el cuerpo inmóvil del hombre, le rodeaba un grupo silencioso de gente en respetuosa actitud. Comprobé que no respiraba y que en su cuello no había latido alguno. Los párpados entreabiertos dejaban ver una estrecha franja de aquella mirada sin luz propia. Recuerdo que alcé sus párpados por completo: sus pupilas dilatadas se bañaron en luna.
Mi compañero mientras tanto colocó las palas del monitor en el pecho desnudo y nacarado del hombre: una fina línea quebrada se dibujó en la pantalla. Nos apartamos mientras las descargas hacían saltar bruscamente el tronco del hombre. Nada. Entre los tres continuamos con nuestro trabajo sin apenas palabras, seguimos el algoritmo tantas veces repasado. Nuestros ojos acompañaban puntualmente a las escasas palabras: gestos, palabras y miradas escrupulosamente sincronizados.
Pero la vida había huido definitivamente de aquel cuerpo, la muerte silenciosa lo habitaba. Todo intento era en vano. Dejamos nuestro afán casi con dulzura. Buscamos la palabra adecuada para explicar lo sucedido a quienes nos rodeaban. Era gente de la tierra, vecinos y familiares del muerto; rostros serenos, de gente sencilla, de campo, de pocas y precisas palabras. No hicieron de aquella muerte un drama; no hubo lamentos exagerados, ni gritos, ni lágrimas. Hubo respeto y bondadoso silencio.
El hombre yacía inmóvil en su lecho de fina hierba, el gesto reposado como si nada hubiera pasado. Bajé lentamente sus párpados, negando a sus ojos el brillo de plata de la luna: nada debe turbar la paz de los muertos. Pensé, casi sin querer, que haría ya bastantes años que aquellos ojos se abrieron por primera vez sorprendidos y curiosos a la vida. Pensé en toda la belleza que habrían visto; pensé en todos los rostros que seguramente habrían besado; pensé en las lágrimas que habrían fabricado y en las chispitas diminutas de luz que habrían lanzado cada vez que la vida les mostró sus paisajes más amables. Mis dedos ahora querían ser sólo ternura. Cubrimos el cuerpo con una sábana blanca aislándolo así inútilmente del frío y de la noche de diciembre: hermoso su lecho de verde hierba y lienzo blanco fabricado. Arriba, el cielo inmenso salpicado de diminutas estrellas bañadas en la estridencia plateada de la luna. Los montes se alzaban orgullosos, nuestra fragilidad enfrentada a su grandeza.
Iniciamos el camino de vuelta. La carretera serpenteaba; de vez en cuando, las minúsculas luces de colores de un abeto engalanado nos avisaban de la existencia de un caserío sumido en la celebración de la Nochebuena. Abandonamos pronto los montes y atravesamos el pueblo ahora desierto. La oscuridad rota por la hiriente luz de los faros de la ambulancia dejaba ver la negra franja del asfalto.
Me incliné buscando el cielo y hallé su eterna calma; la noche se desgranaba en preciosas estrellas, me alegré de no saber siquiera su nombre. Los rostros conocidos y tranquilos de mis compañeros me hicieron saber que todo estaba bien.
La paz parecía total. Silencio.

viernes, 25 de diciembre de 2009

Navidad 2009




Ya queda poco para despedir al 2009 y, como casi todo el mundo, hacemos el balance de lo vivido y nos planteamos nuevos retos para el que está a punto de comenzar.
Miramos hacia atrás y nos damos por satisfechas: queremos lo que tenemos aunque, tal vez, no tengamos todo lo que queremos, somos afortunadas. Esperamos que lleguéis a parecidas conclusiones.

Gracias a todos y todas las compañeras y compañeros que habéis entrado en nuestro blog “Cosas del PAC” a lo largo de estos seis meses de andadura; nos gustaría que continuarais haciéndolo y os invitamos a participar en él con vuestros comentarios y aportaciones.
Mucha suerte en lo profesional y aún más en lo personal.
Os ponemos un vídeo de una canción de Joan Manuel Serrat titulada “De vez en cuando la vida”. Después de todo, se trata, simplemente, de vivir.

Con los mejores deseos.
Idoia&Marilis