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Hace unas horas, muy pocas, que
le has mandado con un informe a la puerta del hospital. A veces, entre
consultas por motivos poco graves, se desliza alguna que sin tener nada
demasiado concreto en la mano te dispara
en el cerebro algo parecido a una alarma. Completas un informe, frío como casi
todos los informes lo son, lo relees un par de veces, lo modificas un poquito
con la intención de aportar los datos que crees necesarios, y lo imprimes.
Luego, lo firmas con un garabato, lo doblas y se lo das a su dueño, a esa
persona que con un asomo de inquietud lo recibe y que en unos minutos lo
extenderá a su vez a otra mano allá en el umbral del servicio de urgencias…Y tú
sigues viendo un paciente detrás de otro, y de vez en cuando te acuerdas de
esta persona a la que has visto hace un rato; y aprovechas un minutillo entre
paciente y paciente para entrar en el programa que te da acceso al hospital,
tecleas su nombre, abres su historia, y sí: ya ha llegado. Le han pedido un par
de pruebas, aún no hay resultados…En fin, habrá que esperar. Imaginas que si a
ti te inquieta el desenlace cuánto más nervioso estará el protagonista de la
historia. Bueno, a lo mejor lo que sucede es que te has hecho un lío en la
cabeza, a lo mejor es de esos días en los que estás poco inspirada y ves
fantasmas…Ojalá sea eso, a fin de cuentas una mete la pata con frecuencia; a lo
mejor hasta tu compañero de urgencias se ha quedado un poco asombrado con tu
derivación, pero claro, está en el hospital y decide hacerle un par de pruebas
antes de darle el alta.
Pasan las horas, parece que ahora
la cosa está más calmada, tienes tiempo; entras de nuevo en el programa,
tecleas su nombre que se te ha quedado grabado en la memoria, también recuerdas
su cara y su voz y, sobre todo, sus ojos: esa mirada preocupada, con un matiz
como de disculpa allí en el fondo, como pidiendo perdón por si su alarma motivó
una consulta inadecuada. En realidad llevaba ya un tiempo con aquella molestia
y no, no había consultado anteriormente con su médico; pero hoy, a pesar de que
es sábado, la preocupación ha guiado sus pasos hasta el centro de salud…Su
mirada te había escrutado mientras le explorabas, buscando un gesto por tu
parte que aliviara sus temores; le has sonreído un par de veces. Entonces fue
cuando le dijiste que creías que había que mirarlo con un poco más de detalle y
que, bueno, que igual no era nada, pero que le ibas a mandar al hospital. Has
usado un tono de voz calmado, te has esforzado en tratar de no generar más
inquietud. En realidad ni tan siquiera lo tienes demasiado claro. No es, desde
luego, una urgencia inminente, para nada; es esa maldita inquietud que de
pronto te ha nacido, ya la has sentido en otras ocasiones y a veces, no
siempre, fue un mal presagio. Te ha dado las gracias y se ha marchado sujetando
sus miedos, aceptando tu decisión; le has visto marchar con el dichoso informe
en la mano. La pantalla tarda unos segundos en abrir el informe de urgencias,
se hacen largos; lo lees de arriba a abajo, apresuradamente, te saltas algunos
detalles. Pero no, no te has equivocado: se ha quedado ingresado para estudio,
en la ecografía se aprecia un hígado metastásico… ¡Uf, pagarías por haberte equivocado! Entrecierras
un poco los ojos, te muerdes el labio inferior y sientes lástima. Regresas a tu
agenda, hay pacientes esperando. Continuas como si nada hubiera pasado. Pero sí
pasa: pasa que no te acostumbras, pasa que de nuevo eres consciente de lo
frágiles que somos, de cómo la vida se pone cuesta arriba así de pronto. Pasa
que estás triste, simplemente estás triste y ya está, no le des más vueltas. Es
probable que esta noche te cueste coger el sueño, puede que lo imagines en su
cama de hospital rumiando una y otra vez sus dudas y temores, y sientes pena
porque sabes de sobra que le espera un camino bien difícil, sembrado de
incertidumbres…Ni tú, ni él, ni yo somos de piedra, afortunadamente. O, tal vez,
debería decir desgraciadamente.
Magnífico. Seguro que todos hemos visto algo de nosotros en tu relato
ResponderEliminarGracias, Rafa. La verdad es que compartimos profesión y a través de ella sentimientos y sensaciones parecidas...
ResponderEliminarHermoso relato. Me ha llevado a experiencias similares.
ResponderEliminarimarnim
¡Gracias!
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