martes, 6 de agosto de 2013

De residentes y tutores, de tutores y residentes

La imagen es de aquí
Escribo esta entrada en una mañana alborotada, con muchas cosas pendientes para hacer, antes de partir mañana a Lima para asistir a un congreso sobre la toma de decisiones compartidas con el paciente (desde aquí, mi agradecimiento a mis compañeros del grupo de MBE); os contaré mis impresiones.
 Nervios, asuntillos varios por resolver, la comida para mí y los míos cociéndose en el puchero y yo, aquí, escribiendo sobre tutores y residentes de médicos de familia: ¡qué cosas!
 Mi experiencia en este terreno es bien limitada; he tenido residentes cuando trabajaba en AP-AP y ahora, en el PAC (esta otra variante que para mí es AP), son varios los que han pasado por mí servicio. Aunque siempre he pretendido acompañarles lo mejor que sé, siempre he tenido muchas dudas (y las sigo teniendo) sobre qué es lo que puedo ofrecer más allá de mi experiencia, de mis eternas dudas y de mis contradicciones. Quiero pensar que al menos ellos y ellas se llevan tanto de mí como yo de ellos y ellas. A mí me aportan y mucho, y me gusta compartir mi consulta; me gusta recibir un correo o un sms de vez en cuando, pasado el tiempo, ya especialistas, que me tenga al corriente de sus andanzas, y si nos da para un café un día cualquiera es siempre un rato amable.
En mi última guardia estuve acompañada por un residente, Xabier,  que él a sí mismo se define como "diferente" y, aunque diferentes somos todos, en su caso la edad es la que marca su peculiaridad. Es alguien a quien conozco desde hace unos años y que tras una trayectoria profesional en otros ámbitos, se dio la oportunidad de reconvertirse en aprendiz de médico de familia. Yo creo que le echó mucho valor, no tiene que ser fácil. De modo que, entre paciente y paciente, hablamos de lo divino y de lo humano, de esta su andadura en los últimos años y, como quien no quiere la cosa, me invitó a leer sus propias reflexiones en este trabajo, así como las de su tutor (al que también conozco: un saludo, Andoni). Me han dado mucho que pensar y me gustaría compartirlas con vosotros.
No olvido mis años de residencia: yo también era mayor que mis compañeros "coerres". Guardo un grato recuerdo de aquellos años, siempre me sentiré agradecida a mis tutores y pretendo no olvidar mis miedos y mis sensaciones de residente; pretendo, sobre todo, aprender desde ahora mi lugar como tutora ocasional y enseñar con más entusiasmo que certezas.
Me quedo con algo que dice Xabier: "La edad no importa. Somos profesores en unas cosas y aprendices en otras, y nunca dejamos de aprender" Y más:  "lo importante no es lo que el profesor enseña, sino lo que alumno aprende".
Y me quedo también con lo que dice Andoni: "He pasado de una duda inicial  a reflexionar y aprender que tener una actitud activa para con el residente es, sin lugar a dudas, una fuente de autoevaluación, actualización y aprendizaje constante para el tutor".
Os invito a que les leáis.

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