martes, 25 de noviembre de 2014

La tenia que tenía...

La imagen es de aquí
A veces, entre col y col...Eso, sorpresa. Os cuento lo que nos pasó uno de los últimos sábados que trabajamos:

A media mañana atendí a una chica joven que acudió porque el día anterior había comenzado con una molestia lumbar no irradiada y sin otra clínica acompañante a la que no prestó más atención. Por la mañana notó una molestia en epigastrio, episódica, no demasiado intensa junto con alguna náusea. Hizo una deposición ligera sin productos patológicos. No tenía fiebre y no refería ninguna otra clínica.
La exploración física fue normal, salvo una leve molestia a la palpación en epigastrio. También las constantes resultaron normales. Lucía, eso sí, una cicatriz en fosa ilíaca derecha que correspondía a una apendicectomía realizada hace unos años. Esto era todo.
Ante el inicio reciente del cuadro y los pocos hallazgos, decidí  mandarla a casa recomendandole una dieta blanda y vigilar la aparición de nuevos síntomas; le comenté que si surgía algo nuevo y le preocupaba, acudiera para nueva valoración. Recuerdo que me quedé un poco extrañada porque era una chica joven, que no había requerido hasta el momento demasiadas atenciones y que, además, no parecía especialmente agobiada...Y yo en este contexto, tampoco acababa de centrar bien la historia:¡que gastroenteritis de inicio raro! pensé...
A primera hora de la tarde acudió de nuevo. Estaba bien, pero con cara de susto me dijo que me quería enseñar una cosa. De una bolsa extrajo un tarro de cristal en el que reposaba una hermosa tenia. ¡Ufff, menudo Alien había expulsado la pobrecilla! Me contó que le faltó poco para marearse del susto, cosa que no me extrañó en absoluto. Eso sí, tras eliminarlo sus molestias habían desaparecido por completo. En casa calcularon que medía en torno a los 2 metros.

 Yo no había visto una tenia en mi vida; mi relación con los gusanos es más bien escasa, la verdad, no va más allá de las lombricillas, aunque últimamente he mejorado mucho y los encuentro hasta en localizaciones poco habituales...
Sacamos fotos del bicho, pero no son de buena calidad, y le pedí permiso para contaros su historia que a mí me ha servido, y espero que a vosotros también, para repasar este tema. Desde aquí le doy las gracias a mi paciente, me aseguró que leería el post.

Y para vosotros, un breve repaso. Por cierto Alien correspondía a un hermoso ejemplar adulto de Tenia saginata...

  • Las tenias (cestodos) son gusanos hermafroditas planos. Se distinguen tres especies: T. Saginata, T. Solium y T. Saginata asiática (Taiwan, Indonesia, Vietnam, Corea y China).
  • En nuestro medio las más frecuentes son, lógicamente, la T. Saginata y la T. Solium, sobretodo la primera (según me han chivado los microbiólogos del Hospital Donostia).
  • El hombre es su huésped definitivo y se contagia al comer carne poco cocinada contaminada con cisticercos (forma larvaria que se asienta en el tejido muscular de los animales): T. Saginata por carne de ganado bovino y T. Solium por carne de ganado porcino. T. Saginata asiática por carne de ganado porcino.
  • Los cisticercos ingeridos por el hombre son liberados en el intestino y su protoescolex se adhiere mediante ventosas (T. Saginata) y ventosas y ganchos (T. Solium) a la pared intestinal. En unos dos o tres meses se forma el individuo adulto en el que se diferencia la cabeza o escólex y las proglótides. Pueden sobrevivir años en el intestino delgado. Pueden llegar a medir varios metros: T. Saginata más que la T. Solium que mide de 2 a 8 metros
  • Normalmente, la parasitación es única o de escasos ejemplares.
  • Los huevos y las proglótides grávidas son eliminadas a través de las heces humanas que contaminan los pastos y son así ingeridas por los animales (vacuno y cerdos) y atraviesan la mucosa intestinal acantonándose en los músculos ocasionando la cisticercosis bovina y porcina.
  • En el ser humano, la T. Solium puede ocasionar cisticercosis en ojos, cerebro y músculo; esto sucede cuando ingiere huevos que eclosionan en el intestino y las larvas atraviesan los tejidos.
  • La mayor parte de las parasitosis son asintomáticas. La clínica es, en general, leve e inespecífica: molestias epigástricas, náuseas, anorexia, ansiedad, mareo, pueden notar el movimiento del parásito de forma intermitente. Puede aparecer eosinofilia en sangre y en ocasiones cuadros de tipo urticarial.
  • El diagnóstico se establece por la visualización de huevos (indistinguibles morfológicamente los de cada especie) o proglótides en heces (distinguibles: el microbiólogo, claro...). Es poco probable que el infestado elimine el ejemplar adulto en su totalidad. Además hay diferentes test diagnósticos que permiten su identificación. Conviene establecer de qué especie se trata por la posibilidad de cisticercosis humana en el caso de la T. Solium.
  • El tratamiento se lleva a cabo con praziquantel (no disponible en nuestro sistema de salud) o con niclosamida (según me han dicho los microbiólogos del Hospital Donostia: 2 comprimidos de 0,50g masticadas y repetir a la hora para completar 2g).
  • Algunos autores recomiendan administrar también un laxante salino suave en los casos de infestación por T. Solium, 1- 2 horas tras la toma del fármaco para asegurar la eliminación completa del parásito y minimizar la posibilidad de cisticercosis.
  • Algunos autores aconsejan también el estudio de las heces tras 1-2 meses del tratamiento para confirmar su erradicación.

En fin, no era tan breve el resumen...Por supuesto, son muchos más los bichos que nos pueden parasitar, y si os interesan, echad un vistazo a los enlaces que os sugiero.

Bibliografía
Intestinal tapeworms (Septiembre 2014). En UpToDate.
Parásitos intestinales. 3Clics en Atención Primaria.
Diagnóstico de las teniasis intestinales.


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